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domingo, 30 de agosto de 2015

¿Por qué lloramos cuando algo nos duele?





Cuando eras un infante indefenso, tu llanto era una señal de aflicción para alentar a tus padres a que mejoraran las cosas.
En la edad adulta, la mayoría de los animales silvestres suprimen estas señales porque no quieren anunciar su vulnerabilidad a los deprepadores o los rivales de su propia especie.
Hasta cierto punto, este instinto también persiste con los seres humanos, lo cual podría ser una razón por la que los hombres tienden a llorar menos que las mujeres.
Pero comparados con la mayoría de los mamíferos, los humanos somos una especie enormemente social. Y por mucho que le duela a nuestro orgullo, cuando lloramos de dolor estamos pidiendo ayuda y advirtiendo a la gente de que hay un peligro.
Y estas dos situaciones son características evolutivas útiles.


¿POR QUE LOS ALIMENTOS DULCES NOS SABEN A DULCE?


Solemos pensar que el azúcar es la causa del sabor dulce de los alimentos.
Si una naranja es dulce, se debe a que el azúcar que contiene alcanzó los receptores de dulzor en nuestras papilas gustativas.
Del mismo modo, tiene sentido aplicar esta teoría a otras frutas, como el arándano o el tomate.
Sin embargo, Linda Bartoshuk, científica especialista en sabores de la Universidad de Florida, le contó a la BBC que ese efecto se debe a una razón distinta.
Bartoshuk y su equipo averiguaron que los componentes químicos responsables de la percepción del dulzor están relacionados con el aroma, y no tanto con el gusto.

Una cuestión de olfato

Si nos tapamos la nariz mientras comemos, descubriremos que nos resulta imposible identificar el sabor de los alimentos.
En un principio, podremos adivinar que se trata de un sabor dulce, pero hasta que no utilicemos el sentido del olfato, no podremos apreciar verdaderamente el sabor del alimento.
No obstante, la investigación de Bartoshuk y sus colegas va más allá de los complejos matices de los sabores; se trata de algo más fundamental: el dulzor en sí mismo.
Según Bartoshuk, en 1970 ya se discutió la idea de cómo los compuestos vólatiles (aromáticos) que emanan de la fruta están relacionados con su sabor dulce.
Aun así, el efecto de dichos componentes es muy pequeño, y su cantidad en cada pieza de fruta es también muy reducida.
"Sabíamos que este fenómeno existía, pero todavía no se había hecho una investigación en profundidad", dijo Bartoshuk.

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